De nostalgia herido.
(Tercetos encadenados)
Vence a mi oscuridad el pecho ardiente,
y marca, impertinentemente, el pulso
que me obliga a soñar, y el que, insolente,
le concedió a mi hastío un nuevo impulso,
al senil palpitar un grácil paso
o un lozano brillar a este convulso
corazón que, maltrecho, late acaso
con un verso extirpado de una llaga,
de una ilusión parida de un ocaso,
de una pasión que a la razón embriaga,
con el carmín untado por un beso
o el labio al que el suspiro se le apaga.
Y otra vez, de nostalgia herido y preso,
con el caudal del tiempo consumido,
hoy la tarde me trajo de regreso
lo escrito en el cordel de lo vivido.
Luis Delamar

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