martes, 26 de mayo de 2026

¿Oyes mi corazón?


  ¿Oyes mi corazón?

Y me dijiste: "Amor, ven y recuesta
tu cabeza de plata en este manto
mullido del pinar". ¿Oyes el canto
del gorrión que se esconde en la foresta?
¿Oyes mi corazón reír en esta
tarde de pasear unidos? ¡Cuánto
lo imaginé, mi amor! Mas callas, tanto,
que es tu mano en mi mano la respuesta.
Quién sabe si serán nuestros caminos
vanos destinos de un amor cobarde...
Será un recuerdo la tupida flora,
mi mano asida, tu sopor, los pinos,
esos paseos en la fresca tarde,
y el son lejano de un gorrión que llora".

Luis Delamar. 

domingo, 24 de mayo de 2026

Un soneto de amor


 Un soneto de amor


De tus piernas, el friso, que a la linde del vientre
me conviden a un surco de encharcados carmines.
De mi labio, la larva, que traviesa se encuentre
ondulando a la puerta de tan rúbeos confines.

Entre las pieles, nada: que ni aire ni luz entre…
el ímpetu al unísono cual símiles rocines,
mas la dicha sonriendo cuando el amor te adentre
y el ansia remozando nuestras nevadas crines.

¡Andanadas de vida que te allanen la entraña,
que el delirio implosione, que el rubor se desnude,
que el hálito se quiebre, que bulla la pestaña…

y el tiempo se eternice… y el pulso nos anude.
¡Un brote de sudor, un estertor, un grito!
Un beso que me amaine, un abrazo infinito.


Luis Delamar.


viernes, 22 de mayo de 2026

Al verdear de mayo





 Al verdear de mayo.


Es verde el fruto del anciano olivo;
del olivo que, anciano, pare verde
la oliva que su tallo nunca pierde
y que obsequia senil, verde y altivo.
Mas se imagina verde, verde y vivo:
vivo, cual vive el rayo que le muerde,
 verde, por más que el alba le recuerde
para reverdecer, algún motivo.
Mas retoña su tronco y cada rama
con la verde mañana que lo activa
o el verdear de mayo que lo llama.
Olivo soy que el tiempo no derriba,
pues cada primavera me reclama
el verdor de mi verde, verde oliva.

Luis Delamar. 
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jueves, 21 de mayo de 2026

¡Cuán no te he de querer!





 ¡Cuán no te he de querer!

(Ejercicio poético sobre un soneto de alejandrinos)


Si te agitó el relámpago y es tu antifaz de nieve,
cuando tu mano cálida es propia del azor;
si el cielo luce diáfano y en tus entrañas llueve
o en tu jardín quimérico la espina hirió a la flor.
Si tras el labio plácido tu prosa hermosa y leve
ha claudicado al léxico altivo del dolor;
si es una errónea brújula la que sin norte mueve
ese timón idílico que guía nuestro amor.
Yo seguiré velándote oculto en la distancia,
en esta ausencia física que es nuestro lar común.
Tal vez un día utópico, o en otra circunstancia,
tu voz no suene ácida tal como suena aún.
Mas tras tu eterna lágrima, has de pensar, mujer:
¡Si sigo aquí queriéndote, cuán no te he de querer!

Luis Delamar 


lunes, 18 de mayo de 2026

Un hada




Un Hada.
( Soneto en dodecasílabos 7/5, de seguidilla)


Anoche tuve un hada por la cintura.
Un pétalo de dalia por cada albina
arista de su dedo, y en la colina
febril del labio ansiado, la calentura.

Anoche tuve un hada con la textura
de una urdimbre de nubes, de libertina
caricia en la palabra, de femenina
cerámica, la trama de su envoltura.

Empapado del néctar de mi deseo
me cuestiona el recuerdo si fue quimera,
pues la busco a mi lado,  mas no la veo.

¡Cuando evoco su estampa en mi cabecera
me inunda la certeza!.. ¡y aun más lo creo,
cuando siento en mis canas la primavera!


Luis Delamar 

sábado, 16 de mayo de 2026

Un paseo


Un paseo

Vi la silueta del sol
desdibujada en el agua,
y serpentinas de luz
salpicar su azul, de plata;
al murmullo del poniente
ensortijando su trama
y a la olita que, incesante,
viene a secarse a la playa
o a abrazarse con la roca
que impaciente la esperaba.
​La nube empluma el celaje
que incendiaba la mañana,
mientras duermen en la orilla
cien caracolas calladas.
La arena amolda su tacto
al hueco de mi pisada,
cuando, cautivo del trance,
retorno el paso a mi casa...
con la paz a borbotones
emborrachándome el alma.

Luis Delamar

miércoles, 13 de mayo de 2026

De nostalgia herido


De nostalgia herido. 

(Tercetos encadenados)


Vence a mi oscuridad el pecho ardiente,
y marca, impertinentemente, el pulso
que me obliga a soñar, y el que, insolente,

le concedió a mi hastío un nuevo impulso,
al senil palpitar un grácil paso
o un lozano brillar a este convulso

corazón que, maltrecho, late acaso
con un verso extirpado de una llaga,
de una ilusión parida de un ocaso,

de una pasión que a la razón embriaga,
con el carmín untado por un beso
o el labio al que el suspiro se le apaga.

Y otra vez, de nostalgia herido y preso,
con el caudal del tiempo consumido,
hoy la tarde me trajo de regreso
lo escrito en el cordel de lo vivido.


Luis Delamar